Mi tranquilidad también.
Y aquella noche dormí junto a la ventana abierta, escuchando el sonido del mar, con la certeza de que había recuperado algo mucho más importante que una propiedad.
Me había recuperado a mí misma.
Porque Paola creyó que podía echar a una anciana de su propia casa.
Se equivocó.
No porque yo tuviera más dinero, más fuerza o más poder que ella.
Se equivocó porque confundió mi bondad con debilidad y mi silencio con rendición.
Y cuando finalmente decidí hablar, no necesité gritar.
Solo necesité recordar quién era.
**FIN.**