Pero, ahora que estaba frente a mí, no sentí ninguna necesidad de hacerlo.
—Sí, me trató mal —dije—. Y usted también.
Rebeca asintió, llorando.
—Lo sé.
—No puedo fingir que no ocurrió. Pero tampoco quiero seguir viviendo dentro de aquella historia.
Ella se secó las lágrimas.
—¿Eso significa que algún día podrás perdonarme?
Pensé durante unos segundos.
—Significa que no voy a buscar venganza. El perdón, si llega, tendrá que ser algo sincero. No una obligación ni una forma de volver a estar cerca de mí.
Rebeca aceptó mis palabras con un pequeño movimiento de cabeza.
Por primera vez, no intentó discutir.
Antes de marcharme, le dije algo que llevaba mucho tiempo queriendo expresar.
—Nunca necesité ser más rica que usted para merecer respeto. Y usted nunca necesitó ser más rica que yo para ser una buena persona.
Rebeca comenzó a llorar de nuevo.