—¿Qué transferencias?
Su abogado tomó los documentos.
Los examinó una vez.
Después volvió a leerlos.
—Alejandro, ¿reconoces esta empresa?
Mi esposo miró el nombre impreso.
Su rostro perdió el color.
La empresa era Salazar Consultores, una sociedad creada por su padre años atrás y que ahora administraba su hermano mayor.
Yo había invertido en un proyecto relacionado con esa empresa antes de conocer a Alejandro.
Mi inversión se había realizado a través de una sociedad independiente, con contratos y garantías.
Meses después de nuestra boda, descubrí irregularidades en varias operaciones.
Al principio pensé que eran errores contables.
Después encontré facturas duplicadas, transferencias sin respaldo y documentos que no coincidían con los registros bancarios.
No acusé a nadie sin pruebas.
Contraté auditores independientes.
Pedí explicaciones.
Y cuando las respuestas no fueron satisfactorias, suspendí nuevas inversiones y entregué los resultados a mis abogados.