El valor de una persona no depende de su ropa, su dinero ni su posición social. Se demuestra en la forma en que tratamos a los demás, especialmente cuando creemos que nadie importante está mirando.
Mariana nunca recibió una fortuna por haber salvado al anciano.
Recibió algo mucho más profundo.
La oportunidad de convertir su compasión en una ayuda duradera para otras personas.
Y Alejandro, que había pasado la vida construyendo una fortuna, descubrió que su mayor legado no sería el dinero que dejara atrás.
Sería la cantidad de personas que, gracias a aquella mujer, ya no tendrían que morir solas en la calle.
FIN.