—No pienso eso.
—Entonces entenderá por qué no puedo aceptarlo.
Alejandro guardó silencio.
Estaba acostumbrado a que las personas aceptaran sus regalos, sus favores y sus ofertas.
Mariana era diferente.
—¿Puedo preguntarle algo? —dijo él finalmente.
—Claro.
—¿Por qué lo hizo? Ayer estaba embarazada de ocho meses. Podría haberse lastimado intentando ayudarlo.
Mariana miró su vientre.
—Mi madre siempre decía que una persona demuestra quién es cuando tiene la oportunidad de ayudar a alguien que no puede devolverle el favor.
Alejandro bajó la cabeza.
—Su madre era una mujer sabia.
—Lo era.
Por un momento, Mariana pareció perderse en sus pensamientos.
—Murió hace tres años. Trabajaba limpiando casas y nunca tuvo mucho dinero. Pero, si encontraba a alguien que necesitaba comida, compartía lo poco que tenía.
Alejandro la escuchaba atentamente.
—Creo que por eso me cuesta tanto mirar hacia otro lado.
Él miró el sobre y después volvió a guardarlo.