### Capítulo 3. Una amiga, una confesión y una amenaza
A las nueve y diecisiete de la noche, Lucía estaba sentada en el sofá de su pequeño departamento en Coyoacán, con Sherlock ronroneando sobre sus piernas.
Su teléfono no había dejado de vibrar durante los últimos veinte minutos.
Carla había enviado once mensajes.
Tres signos de interrogación.
Dos llamadas perdidas.
Y una nota de voz que comenzaba con un grito.
Lucía finalmente contestó.
—¿Qué demonios hiciste?
La voz de Carla sonó tan fuerte que Sherlock levantó la cabeza.
—Hola a ti también.
—¡Lucía\! ¡Necesito saberlo todo\! ¿Te gustó? ¿Fue amable? ¿Te invitó a cenar? ¿Te pidió que te casaras con él? ¡Dime que no te pidió que te casaras con él en la primera cita\!
—No me pidió matrimonio.
—Bien. Eso sería demasiado pronto.
Lucía se frotó la frente.