Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

—Y fue la mejor cita que he tenido en años.

Aquellas palabras la dejaron sin respuesta.

Él dio un paso hacia ella, pero mantuvo la distancia suficiente para no hacerla sentir acorralada.

—No te pedí que te arreglaras. No te pregunté cuánto ganabas. No te ofrecí comprar nada. Me hablaste de tus alumnos durante dos horas y me hiciste reír tres veces con historias sobre un niño que cree que los dinosaurios siguen vivos.

—Los dinosaurios existieron.

—Ese fue exactamente su argumento.

Lucía apretó los labios.

No quería reírse.

No quería que él pudiera hacerla reír en aquel momento.

Pero terminó haciéndolo.

Alejandro sonrió al escucharla.

—Mira —continuó—. No espero que confíes en mí esta noche. Ni siquiera espero que aceptes otra cita. Solo quería que supieras la verdad.

Lucía lo observó largamente.

—Tengo una condición.

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