—Estoy orgulloso de ti.
Ella sonrió.
—No hice nada extraordinario.
Él la miró con ternura.
—Eso es lo que dices siempre.
Y esta vez, Lucía no intentó discutir.
### Capítulo 8. La verdad que Alejandro nunca había contado
La relación avanzó durante los meses siguientes.
No siempre fue fácil.
Alejandro tenía viajes, reuniones y obligaciones que a veces parecían ocupar cada minuto del día. Lucía tenía exámenes que corregir, padres que atender y alumnos que podían convertir una mañana tranquila en una emergencia relacionada con pegamento y tijeras.
Aprendieron a negociar.
A pedir disculpas.
A reconocer cuándo uno necesitaba espacio y cuándo el otro necesitaba compañía.
Pero había una parte de Alejandro que Lucía todavía no comprendía.
A veces, él se quedaba mirando por la ventana durante largos periodos.
O recibía llamadas de su familia y después permanecía en silencio.