Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

En cuanto Alejandro entró, varias personas se acercaron a saludarlo.

Lucía observó cómo cambiaba su expresión profesional.

Era educado, seguro y preciso. Escuchaba con atención, hacía preguntas inteligentes y parecía conocer a todo el mundo.

De pronto, comprendió lo agotador que debía de ser vivir bajo aquella mirada constante.

Una mujer con un vestido plateado se acercó a ellos.

—Alejandro, querido. Hace meses que no te vemos en un evento social.

Le dio un beso en la mejilla y después miró a Lucía.

—¿Y quién es esta encantadora joven?

Alejandro tomó suavemente la mano de Lucía.

—Ella es Lucía Herrera. Mi pareja.

Lucía sintió que el corazón le daba un salto.

No porque la hubiera presentado.

Sino porque lo había hecho sin titubear, sin esconderla y sin convertirla en una pieza de exhibición.

La mujer sonrió.

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