Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

Y conocía demasiado bien la sonrisa del hombre que la esperaba.

Daniel.

Su antiguo prometido.

El hombre que había desaparecido con sus ahorros.

El hombre que le había jurado que construirían una vida juntos.

El hombre que la había dejado recogiendo los pedazos de su confianza mientras él comenzaba una nueva vida con otra mujer.

Lucía sintió que las manos le temblaban.

Daniel cruzó la calle.

—Hola, Lucía.

Ella retrocedió un paso.

—¿Qué haces aquí?

—Necesitamos hablar.

—No tenemos nada de qué hablar.

—Por favor. Solo cinco minutos.

Lucía miró hacia la entrada de la escuela. Aún había algunos padres recogiendo a sus hijos.

No quería una escena.

—Devuélveme mi dinero —dijo con voz firme.

Daniel apretó la mandíbula.

—Sabía que empezarías con eso.

—Era mi dinero. Eran mis ahorros.

—Cometí errores.

—No. Tomaste decisiones.

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