Se Enamoró De Ella Con Una Sudadera Vieja, Y Tres Años Después Le Demostró Que El Amor Verdadero No Se Puede Comprar

### Capítulo 4. La segunda cita

El sábado siguiente, Lucía eligió un pequeño restaurante familiar cerca de un parque en Coyoacán.

Nada de restaurantes elegantes.

Nada de reservados privados.

Nada de automóviles con conductor.

Solo comida mexicana, mesas de madera y una televisión colgada en la esquina que transmitía un partido de fútbol.

Alejandro llegó cinco minutos antes.

Llevaba unos pantalones oscuros, una camisa azul sencilla y zapatos que, sospechaba Lucía, costaban más que el alquiler mensual de su departamento.

Pero no llevaba reloj.

—¿Dónde está tu reloj? —preguntó ella después de saludarlo.

Alejandro se miró la muñeca.

—En casa.

—¿Por qué?

—Me dijiste que no intentara impresionarte con mi dinero.

Lucía soltó una carcajada.

—¿Crees que un reloj es lo único caro que llevas?

—Esperaba que no hicieras una inspección completa.

—Todavía no he empezado.

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