CAPÍTULO 2: LAS CUATRO PALABRAS QUE LO CAMBIARON TODO

Pero las horas no coincidían con las que figuraban en sus certificados de nacimiento.

Chloe había nacido a las 2:14 de la madrugada.

Abigail, según el papel, a las 2:37.

Y Harper, a las 3:02.

Sin embargo, yo había estado presente en aquel parto. Recordaba a las enfermeras entrando y saliendo, las luces blancas del quirófano y la voz agotada de mi esposa cuando me apretó la mano.

Siempre me habían dicho que las tres habían nacido con apenas once minutos de diferencia.

Miré de nuevo la tarjeta.

—Esto tiene que ser un error.

—¿Un error de veintiún años? —preguntó Abigail.

Nadie contestó.

En ese momento, mi teléfono vibró sobre la mesa.

Un número desconocido.

Un mensaje.

«Daniel, soy Elena. Sé que has recibido las cajas. No las abras todavía. Hay algo que debes saber sobre la tercera niña».

Sentí que el corazón me golpeaba las costillas.

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