Capítulo 2: El de la voz

Lo dije durante trece horas, a ratos, sin saber que alguien tan pequeña podía estar escuchándome desde el fondo de la anestesia como se escucha a un padre desde el fondo de un sueño.

Caminé hasta la puerta de la UCI con el sobre de Laura contra el pecho y los abuelos detrás de mí, sin tocarme, como se acompaña a los que van a entrar en un sitio del que no se sale igual.

A través del cristal, Sofía abrió los ojos.

Estaban hinchados, perdidos, llenos de ese terror limpio de los niños que se despiertan en un mundo que no reconocen. Recorrieron el techo, las máquinas, la enfermera. Y entonces me encontraron a mí, de pie tras el cristal, con la bata de visita mal puesta y sesenta y cinco años de corazón roto asomándome a la cara.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *