Capítulo 2: El de la voz

—Doctor Miller —dijo, mirándonos a los tres—. Sofía se está despertando. Está agitada. Hemos intentado calmarla entre dos, pero… —dudó, y la duda de una enfermera de UCI es un idioma que yo hablo desde antes de que ella naciera— pregunta por una voz. Dice que en el quirófano había una voz que le decía que todo iba a salir bien, bajito, muchas veces. Que quiere a esa voz. Lleva diez minutos pidiendo «al señor de la voz».

Todos los pasillos de aquel hospital se me quedaron en silencio de golpe. Porque yo sé lo que digo dentro de un quirófano cuando una niña de cinco años se me está yendo entre las manos y el monitor no obedece. Lo digo en voz tan baja que ni mi equipo lo oye a veces. Lo digo como quien reza con bata:

Tranquila, pequeña. Estoy aquí. Va a salir bien. Estoy aquí.

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