Capítulo 2: El de la voz

Carmen sacó de la carpeta un último sobre, sellado, con una letra redonda y joven en el frente:

«Para el Dr. Miller, por si algún día lo necesita. L.»

—Laura lo escribió cuando nació Sofía —me dijo—. Lo dejó en la caja de los papeles importantes, con el testamento y las escrituras. Mi hija era ordenada como las maestras y previsora como las madres que han estado a punto de no serlo. No sé lo que dice. Nunca lo abrimos. Era para usted.

No lo abrí. Hay sobres que se abren cuando se puede respirar y hay mañanas en las que uno no puede respirar todavía. Me lo guardé en el bolsillo interior, contra el pecho, donde los médicos llevamos el fonendo y los hombres solos llevamos pocas cosas.

En ese momento se abrió la puerta de la sala y entró una enfermera con paso rápido, de esos pasos que en mi oficio significan una sola cosa.

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