Capítulo 2: Lo que papá cosió

—¿Por qué lo escondes otra vez? —preguntó Daisy.

—Porque tu padre lo escondió por una razón, cariño. Y porque ahora mismo no sabemos quién puede estar escuchando.

En ese momento vibró mi teléfono sobre la mesa.

Austin.

«¿Despierta a estas horas, amor? Estoy de patrulla cerca. Paso en un minuto y te dejo un café de los que te gustan. Tengo llave, no hace falta que te levantes.»

Miré el reloj de la cocina. Las doce y cuarenta y siete de la noche.

Austin siempre aparecía así. Antes me parecía cuidado. De pronto entendí que también era otra cosa: un hombre que desde hacía cinco años llegaba primero a todas partes de mi vida. Primero al accidente. Primero al funeral. Primero a mis papeles. Primero a mi duelo.

—Vete a tu cuarto —le dije a Daisy en un susurro—. Métete en la cama con el osito y haz como que duermes. Pase lo que pase, no le digas que hemos encontrado nada. ¿Entendido?

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