Cuida de nuestra Daisy. Ella se fija en lo que los demás no ven.
B.»
Leí la última línea tres veces.
Ella se fija en lo que los demás no ven.
—¿Mamá? —susurró Daisy.
No supe responderle enseguida. Fuera, el viento movía las ramas del roble contra la ventana. El mismo sonido que hacía la noche en que Austin llamó a nuestra puerta empapado, con el uniforme aún mojado, para decirme que lo sentía, que habían hecho todo lo posible, que la tormenta había sido demasiado fuerte para cualquiera.
Austin.
Austin poniéndome la mano en el hombro en el tanatorio. Austin ocupándose de los formularios porque yo no podía ni sostener un bolígrafo. Austin diciéndome, una y otra vez durante cinco años, que buscar culpables no me devolvería a nadie. Austin trayendo flores el primer aniversario. Austin aprendiendo cómo tomo el café. Austin sentándose en el sitio de Brandon en la mesa de los domingos «solo para que las niñas no lo vean vacío». Austin besándome por primera vez delante de la chimenea, hacía ocho meses, y susurrándome que Brandon habría querido que yo volviera a ser feliz.