«Amor mío:
Si estás leyendo esto, no volví de la cabaña, y no fue la tormenta.
El jueves revisé la camioneta entera. Los frenos estaban perfectos. Tú me viste hacerlo.
El viernes discutí con Austin. Lleva meses usando la pista forestal vieja de detrás de la cabaña para sacar armas incautadas que tendrían que estar en el depósito de la comisaría. Las vende. Tengo fotos y los números de serie. El lunes pensaba ir a Asuntos Internos con todo.
Si me ocurre algo antes, busca la caja metálica que hay bajo la tarima del porche de la cabaña. No vayas sola. No se lo digas a Austin.
Y, por favor, no dejes que el hombre que llegó primero al accidente te cuente también el final.
Perdóname por callar estos días. No quería que los niños vivieran con miedo dentro de su propia casa.