Mi madre bajó la mirada.
—Me pidió que viniera porque sabía que yo no te dejaría sola. Pero también me hizo prometer que no te contaría algo.
—¿Qué cosa? —pregunté, sintiendo que se me helaban las manos.
Wade dio un paso hacia ella.
—Lorraine, basta.
Mi madre retrocedió, asustada por primera vez desde que había llegado.
Entonces comprendí que aquella factura no era el verdadero problema. Había algo más, algo que mi esposo había estado ocultando y que podía cambiar por completo la manera en que veía nuestro matrimonio.
—Mamá —susurré—, dime la verdad.
Ella me miró a los ojos.
—Wade me dijo que, si yo no venía a ayudarte, tendría que contratar a alguien para que se hiciera cargo de la casa. Y aseguró que tú no debías enterarte de cuánto dinero estaba gastando realmente.