—Discutimos. Estabas furiosa porque habías descubierto los mensajes de Vanessa. Llovía mucho y perdí el control. Cuando desperté en el hospital y me dijeron que habías perdido la vista, pensé que mi vida había terminado.
—¿Tu vida? —pregunté, incrédula—. ¿Eso fue lo primero que pensaste?
Él no respondió.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas.
—Yo pasé meses aprendiendo a caminar de nuevo. Tuve que aprender a vestirme sin ver, a reconocer mi propia casa y a aceptar que quizá nunca podría mirar el rostro de las personas que amaba. Mientras tanto, tú estabas preocupado por tu reputación.
—Yo te cuidé —dijo Ashton, desesperado—. Estuve contigo todos los días.
—Sí. Y yo te lo agradecí. Cada día. Creí que estabas haciendo un sacrificio por amor.
—¡Porque te amo!
—No vuelvas a decirme eso.
Mi voz salió tan fría que él dejó de hablar.