La misma hora de mi cita con Vanessa.
Aquello no podía ser una coincidencia.
—¿Quién vendrá?
—Un asesor financiero. No tienes por qué preocuparte por eso.
—Me gustaría saber su nombre.
La mano de Ashton se tensó alrededor de la mía.
—¿Desde cuándo necesitas saber todos esos detalles?
Retiré suavemente mi mano.
—Desde que se trata de mi dinero.
Por un momento, su rostro perdió toda expresión.
Después sonrió.
—Tienes razón. Por supuesto.
Se levantó para recoger los platos.
Yo seguí observándolo.
Entonces vi algo que me hizo comprender que Ashton estaba mucho más nervioso de lo que pretendía aparentar.
Su teléfono vibró sobre la mesa.
La pantalla se iluminó y apareció un mensaje.
Aunque las letras todavía se veían ligeramente borrosas, pude distinguir el nombre del remitente.
Vanessa.
Y debajo, una frase:
«¿Ya le has contado lo de su padre?».