Capítulo 2: El secreto bajo nuestra cama

Era el rostro del hombre al que había amado durante siete años.

El mismo hombre que, según acababa de descubrir, podría haber tenido algo que ver con el accidente que me arrebató la vista.

—Ashton —susurré—, ¿puedo preguntarte algo?

—Claro, cariño.

—¿Recuerdas la noche de mi accidente?

Su expresión cambió.

Fue apenas un instante, una tensión repentina en los músculos de su mandíbula. Pero lo vi.

—Por supuesto que la recuerdo. ¿Por qué preguntas eso?

Bajé la mirada, fingiendo inseguridad.

—Últimamente he estado soñando con aquella noche. Hay cosas que no consigo recordar.

Él se quedó inmóvil.

—¿Qué cosas?

—No lo sé. A veces creo escuchar una voz. Y otras veces siento que había alguien conmigo antes del choque.

Ashton tragó saliva.

—Sutton, los médicos te explicaron que los recuerdos después de un traumatismo pueden ser confusos. No deberías intentar forzarlos.

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