Capítulo 2: El secreto bajo nuestra cama

¿Y qué tenía que ver mi esposo con algo que, hasta ese momento, yo había considerado una terrible desgracia?

Entonces la mujer pronunció una última frase.

Una frase que me hizo comprender que los secretos de aquella bolsa eran apenas el principio.

—No puedes permitir que Sutton recuerde quién conducía aquel automóvil.

Y en ese instante comprendí que quizá mi accidente no había sido un accidente en absoluto.

Capítulo 3: El hombre que destruyó mi vida

Durante varios segundos, fui incapaz de moverme.

La frase de aquella mujer resonaba dentro de mi cabeza una y otra vez.

«No puedes permitir que Sutton recuerde quién conducía aquel automóvil».

¿Quién conducía el automóvil?

Yo recordaba la lluvia de aquella noche. Recordaba los faros de otro vehículo acercándose demasiado rápido, el sonido ensordecedor del metal retorciéndose y el dolor insoportable que sentí antes de perder el conocimiento.

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