—¿David?
—No.
La respuesta me sorprendió.
Thomas apretó los labios.
—Daniel sospechaba de mí. Creía que yo había filtrado información sobre su investigación. Pero estaba equivocado. Yo también estaba intentando descubrir quién nos traicionaba.
—¿Y qué pasó aquella noche?
Thomas se frotó las manos, como si todavía sintiera el frío de aquel recuerdo.
—Daniel me llamó para decirme que había encontrado la prueba definitiva. Quedamos en vernos en el almacén. Cuando llegué, él ya no estaba. Solo encontré su reloj y una nota.
—¿Qué decía la nota?
Thomas me miró directamente a los ojos.
—«Si algo me ocurre, busca a David. Él tiene la otra mitad».
Sentí que el corazón se me detenía.
—¿La otra mitad de qué?
Thomas abrió el dispositivo y me mostró una carpeta llena de documentos escaneados. Había transferencias bancarias, nombres de empresas y fotografías de reuniones secretas.