Capítulo 2: El hombre que conocía el secreto de mi marido

David soltó un suspiro tembloroso.

—La noche en que Daniel desapareció, yo no fui al río para identificar su automóvil. Fui porque recibí una llamada de él. Me pidió que acudiera a un almacén abandonado a las afueras de la ciudad.

Cerré los ojos.

—¿Y qué encontraste?

—Su coche. La puerta del conductor estaba abierta y había sangre en el asiento. Pero Daniel no estaba allí.

Me llevé una mano a la boca.

—¿Por qué le dijiste a la policía que habías visto su automóvil cerca del río?

—Porque alguien me llamó antes de que pudiera regresar a casa. Sabía dónde estaba, qué había encontrado y hasta lo que había visto en el asiento. Me dijo que, si hablaba, tú serías la siguiente.

Sentí un frío insoportable.

—¿Y durante veinticinco años guardaste silencio?

—Tenía miedo, Laura. Al principio pensé que Daniel había muerto. Después, empecé a recibir pruebas de que quizá seguía vivo. Pero cada vez que intentaba investigar, alguien me hacía llegar fotografías tuyas, de nuestra hija, de nuestra casa.

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