—Señora Mariana, necesitamos confirmar personalmente la identidad. Hasta ahora, la identificación se hizo por la ropa y por la información proporcionada por la señorita Vanessa.
Sobre una mesa colocaron una bolsa transparente.
Dentro estaba la chamarra amarilla de Sofía.
Reconocí sus pequeños patitos.
También observé que faltaba el botón rojo del bolsillo izquierdo.
Lo había quitado esa mañana porque estaba a punto de desprenderse. Todavía lo llevaba guardado en mi chamarra.
—Es de mi hija —susurré.
El médico levantó cuidadosamente la sábana.
Sentí que el corazón se me detenía.
El pequeño que estaba allí no era Sofía.
Era un niño.
Tenía aproximadamente cuatro años, el cabello oscuro y una pequeña marca rojiza debajo de la mandíbula.
—No es mi hija —dije.
El comandante se acercó.
—¿Está completamente segura?