«Si Mariana queda como responsable de una negligencia grave, nadie va a creerle cuando reclame dinero o me acuse de nada».
Aquellas palabras me hicieron comprender su crueldad.
No se trataba solamente de escapar con Vanessa.
Quería destruir mi reputación, quitarme lo que había construido y hacerme cargar con la culpa por la muerte de mi propia hija.
—Él sabía que yo estaba preparando el divorcio —murmuré.
—¿Cómo lo supo?
—Mi suegra.
Recordé el mensaje de Teresa.
Le había contado a su madre que yo sospechaba de sus movimientos bancarios.
Y aquella mañana, Teresa me escribió para advertirme que me llevara a Sofía.
¿Por qué?
El comandante tomó nota.
Teresa llegó a declarar esa misma noche.
Ya no parecía la mujer arrogante que me había abofeteado en el hospital.
Tenía las manos temblorosas y los ojos hinchados.
Al verme, intentó acercarse.