Su abogado intervino.
—Mi cliente colaborará, pero no responderá preguntas sin asesoría.
Ricardo parecía recuperar la tranquilidad.
Seguramente pensaba que todavía podía controlar la situación.
Había pasado años convencido de que cualquier problema se resolvía con dinero, contactos o amenazas.
Pero aquella mañana había cometido un error.
El automóvil estaba estacionado frente a la camioneta de un vecino, quien mantenía una cámara de tablero grabando incluso cuando el motor estaba apagado.
La cámara principal del edificio llevaba varios días descompuesta.
Ricardo lo sabía.
Lo que ignoraba era que otra cámara había registrado cada movimiento.
Nos trasladaron por separado a las instalaciones de la Fiscalía.
Allí me pidieron que relatara todo desde el principio.
Empecé por el matrimonio.
Ricardo y yo nos conocimos cuando ambos trabajábamos en una empresa de distribución.