Miró a ambos lados antes de cerrar.
Todo ocurrió en menos de veinte segundos.
—Esa grabación es de esta mañana —dijo el comandante.
Ricardo se pasó una mano por la frente.
—Yo solamente estaba guardando un paquete de mi esposa.
—¿Por qué lo escondió debajo del tapete?
—Porque ahí había espacio.
El comandante permaneció en silencio.
—¿Y por qué utilizó guantes?
Ricardo abrió la boca, pero no respondió.
La agente amplió la imagen.
Sus manos estaban cubiertas por guantes negros.
Yo reconocí inmediatamente aquellos guantes.
Los guardábamos junto al cuarto de servicio.
—Esta mañana me dijiste que habías salido temprano para una reunión —murmuré.
—Mariana, no empieces.
—También dijiste que no habías tocado mi coche.
Ricardo golpeó suavemente el escritorio.
—¡Porque no pensé que fuera importante!
El comandante apagó la pantalla.
—Vamos a necesitar que nos acompañe a declarar formalmente. Además, hemos obtenido autorización para revisar las comunicaciones relacionadas con estos hechos.