Capítulo 2: La mujer que cambió mi destino

Después de secarme la cara con la manga de la camisa, salí del aparcamiento y conduje de vuelta a la agencia.

No iba a regresar para suplicarle a Gavin que cambiara de opinión. Necesitaba recoger mis cosas: una fotografía de Emily y las niñas, una taza desportillada que me habían regalado por mi cumpleaños y una pequeña planta que llevaba meses intentando mantener viva junto a la ventana.

Objetos insignificantes, quizá, pero eran lo único que podía llevarme de aquellos cuatro años.

Cuando entré en la oficina, el ambiente cambió de inmediato.

Las conversaciones se apagaron. Un empleado que estaba junto a la impresora fingió buscar algo en una carpeta. La gestora de cuentas que antes había evitado mirarme levantó los ojos durante un instante y volvió rápidamente a su pantalla.

Nadie me preguntó qué había ocurrido.

Caminé hasta mi escritorio y empecé a guardar mis pertenencias en una caja de cartón.

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