Su hijo apretó los puños.
—No puedo seguir viviendo así, papá.
Robert bajó la cabeza. Una lágrima le recorrió la mejilla.
—Lo entiendo, hijo. Sé que soy una carga. Solo quería quedarme un poco más en casa.
Aquellas palabras hicieron que Daniel apartara la mirada.
Pero lo que Robert no sabía era que su hijo llevaba tres días intentando tomar una decisión que podía cambiar la vida de ambos.
Y todavía no se atrevía a contarle toda la verdad.
1. El secreto detrás de la puerta
Mientras los profesionales preparaban el traslado, Ellen, la vecina de 67 años, escuchó movimiento en el apartamento y salió al pasillo.
Al ver a los dos hombres, se apresuró a acercarse.
—¡Daniel! ¿Qué estás haciendo con tu padre a estas horas?
El muchacho respiró hondo.
—Voy a llevarlo a un lugar donde puedan cuidarlo.