Pero había recuperado algo que llevaba años perdiendo: las ganas de participar en su propia vida.
Y Daniel había aprendido que amar a alguien no significa poder resolver todos sus problemas, ni que debas destruirte para cuidarlo.
Significa reconocer cuándo necesitas ayuda, establecer límites seguros y no olvidar la humanidad de la persona que tienes delante.
7. El día que todo el vecindario lloró
Seis meses después de aquella madrugada, Robert sufrió una complicación médica inesperada.
Fue trasladado al hospital, donde los médicos hicieron todo lo posible por estabilizarlo. Daniel llegó poco después y permaneció junto a su cama.
Esta vez no se quedó en el pasillo.
No escondió a su padre.
No le pidió que se callara.
Le tomó la mano y le habló de su vida, de sus estudios y de las pequeñas cosas que había empezado a disfrutar de nuevo.