—Me dijo que habría sido mejor que hubiera muerto —susurró ella—. Decía que nadie querría casarse conmigo y que mi presencia le recordaba el incendio.
Cyrus apretó la mandíbula.
—¿Y su hermana?
—Mi hermana me quería. Pero mi padre la envió a vivir con unos parientes. Yo me quedé sola con él.
Con los años, Josephine aprendió a coser, cocinar y llevar las cuentas de la pequeña tienda familiar. Era inteligente, paciente y tenía una memoria extraordinaria. Pero su padre jamás le permitió olvidar su aspecto.
Cuando un intermediario le ofreció organizar un matrimonio con un hombre de Idaho, Josephine aceptó viajar al oeste porque creyó que, por fin, podría comenzar una vida nueva.
El hombre se llamaba Jeremiah Higgins.
Le había escrito cartas prometiéndole un hogar tranquilo. En ellas hablaba de trabajar juntos, cultivar un huerto y construir una familia.