Parte 2: Detrás del velo del viento de la montaña

—¿No le doy miedo? —preguntó.

—No.

—¿No le doy asco?

Cyrus se inclinó hacia delante.

—Me da asco la gente que se ríe de una persona indefensa. Usted no.

Josephine rompió a llorar.

Esta vez, Cyrus no intentó detener las lágrimas ni le pidió que fuera fuerte. Simplemente acercó una manta y la dejó junto a ella.

No la tocó hasta que fue ella quien extendió la mano.

Entonces él se la sostuvo con delicadeza.

Y aquella noche, por primera vez desde que era niña, Josephine se durmió sin cubrirse el rostro.

La historia que Josephine nunca había contado

A la mañana siguiente, la luz entró por las pequeñas ventanas de la cabaña.

Josephine despertó sobresaltada.

Durante un instante no reconoció el lugar. Después recordó el pueblo, las risas, el contrato y los cincuenta dólares.

Se incorporó de golpe y buscó el saco.

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