Años después…
El tiempo transformó la cabaña.
El huerto se extendió por la ladera, las flores cubrieron el camino y una ampliación de madera añadió dos habitaciones a la casa.
Josephine se convirtió en una mujer conocida por su generosidad. Cuando algún viajero llegaba herido o una familia necesitaba ayuda durante el invierno, ella abría la puerta y preparaba una comida caliente.
Al principio, algunos vecinos evitaban mirarla directamente.
Con los años, muchos dejaron de hacerlo.
No porque las cicatrices hubieran desaparecido, sino porque comenzaron a conocer a la mujer que había detrás de ellas.
Josephine ayudó a una niña que había quedado con quemaduras tras un accidente doméstico. La pequeña lloraba cada vez que alguien la miraba, y su madre no sabía cómo consolarla.
Josephine se sentó junto a ella y le mostró la cicatriz de su mejilla.