Josephine lo escuchó en silencio.
—Quiero que se quede únicamente si es lo que usted desea. Y si algún día quiere marcharse, quiero que pueda hacerlo sin miedo.
Se quitó el sombrero y respiró profundamente.
—Pero si usted quisiera construir una vida conmigo, no como una deuda ni como un trato, sino como una elección… yo sería el hombre más afortunado de estas montañas.
Josephine sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.
—¿Me está pidiendo que me case con usted?
—Le estoy preguntando si quiere que intentemos ser algo más que dos personas que encontraron refugio en la misma cabaña.
Ella lo observó durante un largo momento.
—Tengo miedo, Cyrus.
—Lo sé.
—Tengo miedo de que algún día me mire y vea lo que todos los demás vieron.
Él negó lentamente con la cabeza.
—No puedo prometerle que nunca cometeré un error. Pero sí puedo prometerle que nunca utilizaré su rostro para hacerle daño. Y si alguna vez siente que no la estoy escuchando, quiero que me lo diga.