Jeremiah miró a Cyrus, esperando encontrar una discusión o una amenaza.
Solo encontró a un hombre que permanecía junto a Josephine sin intentar silenciarla.
—Se arrepentirá —murmuró.
—Tal vez me arrepienta de muchas cosas en la vida —respondió ella—. Pero nunca me arrepentiré de haberle cerrado la puerta a un hombre que solo podía verme como una cicatriz.
Jeremiah montó y se alejó entre la nieve.
Cuando desapareció, Josephine comenzó a temblar.
Cyrus no la abrazó inmediatamente.
—¿Quiere que me quede aquí con usted?
Ella asintió.
Entonces él se sentó a su lado, junto al fuego, hasta que su respiración volvió a la normalidad.
Aquella noche, Josephine comprendió algo que jamás había aprendido en su hogar: ser valiente no significaba dejar de tener miedo. Significaba que el miedo ya no tenía derecho a tomar todas sus decisiones.
La primavera que cambió sus vidas
El invierno fue largo.