Ramiro apareció primero, vestido con un traje azul y acompañado de su esposa. Venía molesto porque había tenido que cancelar una reunión.
Patricia llegó diez minutos después, mirando constantemente su teléfono.
—Papá, espero que esto sea importante. Dejé a los niños con mi suegra.
Cuando vieron a Teresa sentada junto a su padre, ambos intercambiaron una mirada de desprecio.
—¿Y ahora qué? —preguntó Ramiro—. ¿Nos vas a pedir dinero para mantenerlo?
Teresa apretó los labios.
Don Aurelio no dijo nada.
El notario abrió una carpeta gruesa y colocó varios documentos sobre la mesa.
—Señores, su padre me ha solicitado que les informe de una operación de compraventa realizada recientemente.
Ramiro se acomodó en la silla.
—¿Qué vendiste, papá? ¿La casita del pueblo?
El notario levantó la mirada.
—Tres terrenos de su propiedad, adquiridos por un consorcio industrial. La operación ascendió a casi doscientos millones de pesos.