Dante cerró los ojos.
—Lo sospechaba.
—También desaparecieron dos hombres de seguridad.
Sentí que la sangre se me helaba.
—¿Eso significa que alguien de tu organización intentó matarte?
Luca me observó.
—Doctora, sería mejor que no se involucrara.
Dante abrió los ojos.
—No vuelvas a darle órdenes.
Luca apretó la mandíbula.
—Solo intento protegerte.
—Entonces encuentra al responsable.
Cuando Luca salió, Dante me tomó débilmente de la muñeca.
—Clara, necesito que me prometas algo.
—¿Qué?
—No le digas a nadie que Mía es mi hija.
Lo miré sorprendida.
—¿Por qué?
Su expresión cambió.
—Porque si la persona que intentó matarme descubre que tengo una hija, podría utilizarla contra mí.
Sentí un terror inmediato.
Mía estaba en casa con Kate.
Apenas a cinco millas del hospital.
—Tengo que irme —dije.
Dante intentó detenerme.
—Espera. Puedo enviar a alguien…
—No quiero a tus hombres cerca de mi hija.