Tu padre no necesita enterarse de nuestros asuntos. Él ya tiene suficientes problemas con el trabajo. Si le cuentas algo, vas a conseguir que se preocupe y después me echará la culpa a mí.
En otro mensaje, Camila había enviado una fotografía de la mesa del comedor.
Debajo había escrito:
Cuando regresemos, quiero que Valeria sirva la comida. No pienso sentarme al lado de ella.
Verónica había respondido:
No te preocupes. En esta casa las cosas van a seguir como yo diga.
Guardé las capturas que Valeria quiso compartir conmigo.
No para humillar a nadie.
Para que, si más adelante alguien intentaba negar lo ocurrido, mi hija no tuviera que enfrentarse sola a otra discusión.
Después llamé a mi hermana Teresa.
Le conté lo esencial y le pedí que viniera a acompañarnos.
Teresa llegó poco después del mediodía.