—¡Yo la he cuidado durante años!
—Cuidar a una niña no significa hacerle creer que te debe su existencia.
Verónica abrió la boca, pero no encontró una respuesta inmediata.
Entonces cometió el error que terminó de romper lo poco que quedaba de mi confianza.
Señaló a Valeria.
—Tu hija debería agradecer que todavía le permitimos vivir aquí. Si no fuera por mí, esta casa sería un desastre. Y sí, algunas veces tiene que aprender cuál es su lugar.
El silencio fue absoluto.
Valeria comenzó a llorar.
Yo sentí que algo dentro de mí se apagaba.
No era rabia.
Era la certeza de que la mujer con la que me había casado no era la persona que yo había creído conocer.
—Acabas de decirlo delante de todos —respondí—. Y ahora no podrás fingir que no sabemos cómo piensas.