Durante varios segundos, nadie en el salón de banquetes se movió.
El silencio era tan profundo que podía escuchar el sonido de mi propio anillo de compromiso golpeando suavemente contra mi palma.
Marcus seguía mirando a mi padre.
No a mí.
No a su madre.
A él.
Como si acabara de descubrir que la persona a la que había ignorado durante años era alguien completamente diferente.
Richard Sterling permaneció frente a mi padre.
—Señor Jonathan Whitmore —repitió con respeto—. No esperaba encontrarlo aquí.
Mi padre, como siempre, mantuvo la misma expresión tranquila.
La misma que había tenido toda la noche mientras escuchaba a Beatrice decidir mi futuro como si yo no estuviera presente.
—Richard —respondió mi padre—. Ha pasado mucho tiempo.
Varias personas alrededor de la mesa intercambiaron miradas.
El director ejecutivo de una de las compañías más importantes del país estaba hablando con mi padre como si fueran viejos conocidos.
Marcus parecía incapaz de respirar.
—¿Papá? —dijo finalmente—. ¿Conoce al señor Sterling?
Mi padre giró lentamente hacia él.
—Sí.
Solo una palabra.
Pero fue suficiente para cambiar la atmósfera.
Richard volvió a mirar a Marcus.
Y esta vez no había cortesía en sus ojos.
Había decepción.
—Marcus, ¿puedo preguntarte algo?
Marcus tragó saliva.
—Claro, señor.
—¿Sabías quién era el padre de Valerie?
Marcus miró hacia mí.
Después hacia Beatrice.
—No entendí que fuera relevante.