Verónica miró a su hermana, buscando apoyo.
—Tu hija siempre ha sido muy sensible. Todo lo interpreta como un ataque.
Valeria se encogió en el sofá.
Lo vi.
Y aquello me confirmó que todavía tenía miedo de hablar delante de ella.
—No vamos a discutir sobre si mi hija es demasiado sensible —dije—. Vamos a hablar de lo que has hecho.
Camila cruzó los brazos.
—Yo no hice nada. Valeria siempre se hace la víctima.
Teresa se levantó.
—Camila, nadie te está pidiendo que intervengas.
Verónica golpeó suavemente la mesa con la mano.
—¡Esta es mi casa también! ¡No voy a permitir que me humillen delante de mi familia!
La miré durante varios segundos.
—Esta casa también es el hogar de Valeria. Y, por lo que he descubierto, llevas meses haciendo que se sienta como una invitada que tiene que ganarse el derecho a dormir bajo este techo.