Parte 2: El secreto que Salomé había guardado durante tres años

La ejecución estaba prevista para las nueve de la mañana.

Eran las ocho y doce.

Solo quedaban cuarenta y ocho minutos.

Un guardia llevó la muñeca de trapo a la oficina del director. La trabajadora social confirmó que Salomé había llegado con ella y que nadie había tenido acceso a sus pertenencias desde su entrada en el penal.

Con manos cuidadosas, el coronel abrió una pequeña costura de la espalda de la muñeca.

Dentro encontró una grabadora digital antigua, una carta doblada y una llave diminuta.

La grabadora tenía poca batería.

Méndez conectó el dispositivo a un equipo de la oficina y presionó el botón de reproducción.

Al principio solo se escucharon interferencias.

Después apareció una voz masculina.

—No podemos seguir esperando, Esteban. Si descubren lo que has hecho, perderemos todo.

La segunda voz respondió con furia:

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