Parte 2: El secreto que Salomé había guardado durante tres años

Ramira le tomó las manos.

—Eras una niña. No tenías que cargar con ese secreto. Lo que pasó no fue culpa tuya.

La pequeña se echó a llorar.

Y por primera vez en muchos años, madre e hija pudieron llorar juntas sin que una puerta de hierro las separara.

Capítulo 7. La vida después de la prisión

La libertad no borró automáticamente el sufrimiento.

Durante los primeros meses, Ramira despertaba en mitad de la noche convencida de que seguía en su celda. Le costaba dormir con la puerta cerrada y sentía miedo cada vez que escuchaba pasos detrás de ella.

Salomé también necesitó ayuda para superar lo ocurrido.

Había aprendido a guardar silencio para sobrevivir, y ahora debía aprender que podía hablar sin temor.

Con el apoyo de profesionales y de algunas personas que nunca dejaron de creer en ellas, madre e hija comenzaron a reconstruir su vida.

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