Parte 2: El secreto que Salomé había guardado durante tres años

Cuando el coronel apareció, se levantó de inmediato.

—¿Van a llevarme?

Méndez la miró a los ojos.

—No hoy.

Ramira no comprendió.

—¿Qué?

—La ejecución ha sido suspendida. Hay nuevas pruebas y el caso será revisado.

Durante varios segundos, ella permaneció inmóvil.

Después se llevó las manos al rostro y comenzó a llorar.

No eran las lágrimas desesperadas de una mujer que esperaba morir.

Eran las lágrimas de alguien que acababa de recibir permiso para imaginar un mañana.

Salomé corrió hacia ella.

—Te lo dije, mamá. Te prometí que algún día descubrirían la verdad.

Ramira se arrodilló y la abrazó.

—Me has salvado la vida, mi niña.

La pequeña negó con la cabeza.

—Tú me enseñaste que no debemos mentir, aunque tengamos miedo. Yo solo hice lo que tú me enseñaste.

El coronel tuvo que apartar la mirada.

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