Evaristo leyó el documento tres veces.
—¿Cómo lo conseguiste?
—Cumpliendo lo que prometí.
—Pero apenas tenemos dinero para alimentar a los animales.
—Por eso no compraremos más ovejas todavía. Primero pagaremos lo que debemos y repararemos lo que tenemos.
Evaristo guardó silencio.
En el pueblo, sin embargo, Don Severo no estaba dispuesto a contemplar el éxito de aquella mujer.
### Capítulo 3. La trampa de Don Severo
Don Severo Cárdenas llevaba años esperando quedarse con El Manantial.
La hacienda tenía terrenos fértiles, acceso a un manantial natural y una posición privilegiada junto al camino que conectaba San Bartolomé con los mercados regionales.
Si conseguía apropiársela, podría controlar el suministro de agua de varias propiedades vecinas y ampliar sus negocios.
La deuda de Evaristo era el instrumento perfecto.
Una tarde, Don Severo visitó la hacienda con dos abogados y una carpeta de documentos.