Y Magdalena todavía no había terminado.
### Capítulo 6. El nacimiento de un imperio
Cinco años después de aquella boda, la Hacienda El Manantial era irreconocible.
El granero había sido reconstruido. Los corrales permanecían limpios y las ovejas recibían cuidados adecuados. Un pequeño taller de hilado ocupaba el antiguo almacén, y varias habitaciones se habían convertido en espacios de trabajo para las tejedoras.
Magdalena había contratado a más mujeres del pueblo y establecido un sistema de aprendizaje para las jóvenes que querían dedicarse al oficio.
Sus productos comenzaron a venderse en mercados de otras ciudades.
Primero fueron mantas.
Después, alfombras, prendas de lana fina, cobijas teñidas con pigmentos naturales y tejidos especiales para comerciantes que abastecían a hoteles y familias acomodadas.
Magdalena insistía en la calidad. Si una pieza no cumplía con sus estándares, no se vendía.