La miré.
Por primera vez desde que había empezado aquella conversación, no vi únicamente a mi mejor amiga.
Vi a una mujer que había cometido errores, que había sufrido pérdidas y que había pasado años intentando proteger a las personas que amaba, aunque no siempre supiera hacerlo de la manera correcta.
Y también vi a la niña de siete años con la que compartí mis primeros secretos.
—Emily —dije.
Ella se detuvo junto a la puerta.
—No sé si puedo perdonarte todo hoy. Necesito tiempo para entender lo que me has contado. Y estoy enfadada. Muchísimo.
Ella asintió.
—Lo entiendo.
—Pero hay algo que sí sé.
Me levanté y caminé hacia ella.
—No quiero que treinta y siete años de amistad terminen con una fotografía y una despedida llena de secretos.
Emily se cubrió la boca con las manos.