La grabación terminó unos segundos después.
Mi madre comenzó a llorar.
Frank permanecía inmóvil.
—Esa voz… —susurró ella—. La reconozco.
Yo también la reconocía.
Era la voz de mi padre.
Owen miró a Frank con una expresión de desconcierto.
—Abuelo, ¿por qué no querías que mi papá dijera la verdad?
Frank se dejó caer en una silla.
Por primera vez desde que había regresado, no intentó gritarme ni ordenar que me marchara.
Simplemente se cubrió el rostro con las manos.
—Yo no quería que muriera nadie —murmuró.
—Entonces dinos qué pasó —le exigí.
Mi padre tardó varios minutos en hablar.
Finalmente levantó la cabeza.
—La dirección de la fábrica había ordenado reducir los gastos de mantenimiento. Yo sabía que algunas máquinas necesitaban reparaciones. Daniel me lo advirtió más de una vez.
—¿Y aun así autorizaste que siguieran funcionando? —pregunté.